La situación de violencia
ocasionada por el narcotráfico, nos ha llevado a buscar alternativas para
detener el accionar de los grupos delictivos. Para muchos, las Fuerzas Armadas Mexicanas
no están logrando resultados contundentes que debiliten la estructura del
crimen organizado. Una de las soluciones posibles para acabar con esta guerra
no declarada, y propuesta por muchos como la salida más viable, es la
legalización de las drogas, no solo su consumo sino su venta libre. Se pone
como ejemplo a países como Holanda, Inglaterra y Suiza que han legalizado el
consumo de diversas drogas reglamentándolo bajo estrictas normas. Sin embargo,
ninguno de esos países ha pasado por una situación de violencia extrema como la
que vivimos y ha tomado esa decisión como una salida a un conflicto de esta naturaleza.
Ahora bien, desconozco como llegan las drogas a esos países por vía legal, si
en prácticamente en todo el mundo su comercio es ilegal. ¿Se compran a los
mismos grupos del narcotráfico que operan actualmente? ¿En qué parte del mundo existen empresas que
legalmente puedan comercializarlas? Son preguntas de las que nunca he escuchado
una respuesta.
En México tenemos una situación
contradictoria, por un lado es legal la posesión de determinadas cantidades de
drogas diversas para autoconsumo, pero por otro lado su venta se encuentra
prohibida. Así bajo esta perspectiva, el
panorama no luce alentador para cualquiera de las soluciones posibles. Desde mi
punto de vista, el legalizar las drogas no acabaría con el problema del crimen
organizado. Legalizar la droga, si cortaría un flujo importante de dinero, pero
consecuentemente generaría mayor criminalidad por parte de los grupos
delictivos. Si las drogas fueran legales, es difícil creer que estos grupos
dejarían de operar voluntariamente, además como fuentes de ingresos les queda
el secuestro, la extorsión y la piratería, actividades que han proliferado en
los últimos años. La trata de personas y el tráfico de armas generan grandes
recursos.
Por otro lado resulta
contradictorio que mientras se aplican fuertes restricciones al tabaco y el
alcohol, se libere el consumo de drogas. A su favor podría decir que ambos son
únicos, solo el alcohol etílico es ingerible y el tabaco aún con una gran
cantidad de variedades, no provoca en el humano un efecto mayor, más bien es la
cantidad consumida de estás las que generan problemas al ser humano. En cambio,
aún y cuando se legalizaran las drogas ya conocidas, siempre existirá la
posibilidad de desarrollar una nueva droga que sea ilegal y atractiva para
atrapar a los afectos a ellas, por lo que siempre habrá una puerta abierta a la
ilegalidad. El ejemplo es claro, ahí están las metanfetaminas y las drogas
sintéticas como el crack.
Ahora bien, si se legalizara el
comercio de las drogas también tendría que hacerlo su producción e industrialización.
Producirlas implicaría destinar extensiones de tierra para su producción, si su
precio es atractivo tendríamos que parte de las tierras destinadas a la
producción de alimentos pasarían a producir la materia prima para producir
drogas como la mariguana o la heroína. ¿Qué criterios se tomarían para decidir
quiénes producirían drogas y quiénes alimentos? ¿Los productores de drogas
tendrían acceso a los apoyos gubernamentales de igual manera que los que
producen alimentos? La cocaína, por su parte tendría que ser importada dado que
el árbol del que se extrae solo crece en las regiones andinas de Bolivia, Perú
y quizá parte de Colombia y Ecuador. ¿Se destinarían enormes cantidades de
dinero para su importación?
De igual manera es cuestionable
el hecho de otorgar concesiones para la industrialización de las drogas.
Algunos dicen que las farmacéuticas podrían encargarse de ello al igual que su
comercialización, de hecho su capacidad instalada permite producir casi cualquier
molécula en forma industrial, pero al mismo tiempo se cuestiona su calidad
moral a la hora de comercializar los medicamentos. Otros comentan que deben ser entidades de
gobierno quienes se ocupen de ello, es decir una burocracia que arrastra en sí
una historia de corrupción y generación de grupos de poder. Si solo en la
concesión de obras y flujo de efectivo a las instituciones de gobierno se han
detectado grandes desvíos, que no haría un grupo de poder a los que se les
encargara la tarea de regular la comercialización y consumo de estupefacientes.
No quiero ni pensarlo.
La legalización de las drogas, no
es la salida para afrontar el problema generado por el narcotráfico. De hecho,
hace tiempo que dejo de serlo, si en un principio, en lugar de atacar el tráfico de drogas se
hubiera legalizado su consumo, los grupos delincuenciales no hubieran crecido
de la forma que lo hicieron, no hubieran generado la cantidad enorme de dinero
con la que cuentan ahora. Legalizar las drogas en este momento en que los
cárteles del narcotráfico están activos y bien organizados no resolvería el
problema y si agravaría la comisión de delitos de toda índole donde el
ciudadano de a pie sería, sin duda alguna, el más afectado.
Moralmente la sociedad ha perdido
parte de los valores que la sostienen. En México, sin duda alguna existen
muchas leyes cuyo marco legal parece avanzado y digno de un estado de
vanguardia. Pero estas leyes siempre se han aplicado a discreción y no siempre
se mide con la misma vara un mismo delito. ¿Cómo es posible que alguien que
heredó de sus ancestros un rifle 30-30 tenga que pasar dos o tres años en
prisión y un individuo que porta y además acciona un rifle de asalto, arma de
uso exclusivo de las fuerzas armadas, salga de prisión en unos cuantos días? Antes de legalizar las drogas es
necesario desarticular a los cárteles del narcotráfico sea cual sea su nombre,
pero viendo las noticias actuales, eso pareciera estar aún muy lejos.



