![]() |
| Bala Perdida |
Seguramente los regiomontanos de antaño nunca se imaginaron lo que estamos viviendo a diario en la otrora tranquila Sultana del Norte. En los tiempos recientes lo más cercano a esta realidad fue cuando la guerrilla urbana, producto de los movimientos sociales de los años 60’s, irrumpió en el país y Monterrey, que ya despuntaba como la capital industrial de México, no fue inmune a esta. Eran los años 70’s. Asaltos bancarios, secuestros y asesinatos de personajes importantes y balaceras en las calles, eran frecuentes pero a diferencia de hoy, no se suscitaban diariamente y estos hechos eran noticia en los medios por días e incluso semanas. Hoy en día los periódicos y noticieros de televisión y radio, apenas mencionan lo que ocurre en las calles, cuando vuelve a registrarse otro hecho violento y deja en el olvido el anterior.
Poco a poco la violencia parece estar más cerca de nosotros. Hace apenas unos meses estos hechos nos eran un tanto lejanos pero en los últimos días a muchos nos ha tocado, si no verla directamente de frente, si palparla y sentirla en el ambiente. Hace un par de semanas, circulando por Paseo de los Leones al poniente de la Ciudad un sábado por la tarde, me topé con un embotellamiento repentino a una hora de poco tráfico. En una plaza comercial una cuadra adelante, un grupo de militares que efectúan labores policíacas tenían detenido y tendido en el suelo a un tipo junto a una camioneta de modelo reciente. Algunos de los policías estaban a la defensiva listos para repeler un posible ataque para rescatar al detenido.
Fuera de esa escena de tensión, la cosa no pasó a mayores y los automovilistas que circulábamos en ese momento seguimos nuestro camino. Este domingo pasado, un domingo cualquiera en esta calurosa primavera, casi a punto de caer la tarde la intranquilidad se hizo presente de forma estruendosa. Estaba en casa viendo una película en familia cuando se escucharon dos o tres disparos, apagamos el televisor y casi de inmediato se empezaron a escuchar ráfagas de armas de alto poder a unas cuantas calles de casa. El sonido era seco y claro y era posible distinguir un disparo de otro. La balacera al parecer ocurría a plena calle. En dos o tres minutos, los disparos cesaron y una calma tensa se sintió inmersa en el sofocante calor que se sentía. Pasaron un par de minutos más y nuevas ráfagas se escucharon, esta vez un poco más al poniente. Al cabo de un pequeño lapso de tiempo, todo cesó y un silencio apremiante se apoderó de las calles vacías de las colonias aledañas. Salí a la calle y grande fue mi sorpresa al encontrar una bala justo debajo de la ventana del cuarto de televisión. Ahí caí en cuenta de que no se puede estar seguro aún estando lejos del lugar de los hechos.
![]() |
| Un domingo cualquiera |
Silencio. En las redes sociales comenzaron a preguntar qué estaba pasando. Pocos tenían idea de lo que sucedía y donde exactamente se daban los hechos. Fueron unos quince minutos de silencio casi total. Nadie se asomaba siquiera a la ventana y las casas daban la apariencia de estar vacías. En las calles no circulaba un solo auto y a lo lejos se hizo perceptible el lejano sonido de las sirenas policíacas. Al poco tiempo el tráfico vehicular se hizo presente. Muchos circulaban de prisa para llegar a sus casas y resguardar a sus familias. Hubo quién dejo a unos y fue a recoger a otros. En menos de media hora, las calles volvieron a vaciarse y el tráfico cesó. Un par de helicópteros sobrevolaron la zona, a veces a muy baja altura una y otra vez. En un centro comercial, Plaza Cumbres, el pánico se apodero de quiénes paseaban en ella en busca de mitigar el calor. El sonido de las balas hizo que la gente buscara donde refugiarse y en una acción rápida, los guardias de seguridad de la Plaza, cerraron todos los accesos y las tiendas bajaron sus cortinas, algunas resguardaron a personas en su interior. La tienda departamental Liverpool, también cerró sus accesos y llevó a su personal y clientes que estaban en el interior al tercer piso. Fueron minutos que parecieron horas. Quiénes no lograron resguardarse en el interior de algún local se tiraron al piso y así permanecieron hasta que la calma se restableció. Poco a poco las personas salieron de sus improvisados refugios y los guardias de la Plaza, una vez que confirmaron que salir era seguro, permitieron a la clientela abandonar el lugar. Los que ni por enterado se dieron de lo ocurrido, fueron los asistentes a los cines. Es tal el estruendo de las películas modernas que las balas fueron opacadas por el potente sonido de sus modernos equipos de proyección.
Escenas como esta se están volviendo frecuentes en Monterrey, que hasta no hace muchos años presumíamos como una de las más seguras del país. Un domingo cualquiera como el descrito, desgraciadamente cada vez son más frecuentes. ¿Hasta cuándo vamos a vivir así? Dicen que cada país, estado o ciudad tiene el gobierno que se merece. Quizá sea cierto, la sociedad regiomontana se dejo llevar por la falsa imagen de un político joven e inexperto, lo cual no es pecado, pero si la ineptitud e incapacidad para ejercer el principal puesto político del Estado de Nuevo León. Lo peor es que esta aferrado a mantenerse en su lugar hasta el final, pese a que día a día el número de muertos y hechos violentos crece mientras el viaja en avión privado a su hogar en McAllen, Tx. Sus esfuerzos se enfocan en demostrar un liderazgo que a todas luces no tiene y pese a discursos triunfalistas la realidad que vivimos es otra. Si tienes algo de dignidad Rodrigo Medina, renuncia y no hagas más daño a nuestra sociedad.

