-¡No manches!-, exclamo la chica que leía la edición regiomontana del Publimetro. -¡En China te aumentan las bubis por solo 1400 pesos!- Esto no tendría nada de raro, claro no el precio, sino es que los que la escuchábamos éramos un pequeño grupo de desconocidos que coincidíamos en espera de recibir nuestro pedido de sushi para llevar en un restaurant de la localidad. Era miércoles de 2 por 1, así que la espera era larga y tediosa y los ahí presentes matábamos el tiempo mirándonos las caras.
Pero la exclamación de esta chica despertó el interés de todos y en respuesta continuó comentando la nota. Decía que estas cirugías eran ofrecidas en estéticas, las que invitaban a cirujanos plásticos o médicos de un hospital cercano a los que les parecía atractivo ganarse un dinero extra una vez terminado su turno.
Los primeros comentarios giraron a los costos que estas cirugías tienen en nuestra ciudad los cuales no tienen nada que ver con los precios ofertados en la nota. Luego la chica comentó que a ella si le llamaba la atención el aumentar de talla su busto a lo que algunas de las señoras arremetieron con una serie de consejos un tanto catastróficos diciendo que las falsas bubíes con el tiempo se volvían a caer y no sé que otros argumentos. La chica mostró su desencanto al escuchar estos comentarios y dijo -¿qué no se quedan así levantadas para siempre?¡No!- fue el clamor general de las señoras que volvieron blandir sus argumentos como espada de samurái destazando en forma inmediata las ilusiones de la lectora.
La chica confesó que lo que la detenía era el hecho de que aún era soltera y que entre sus planes estaba casarse y tener hijos. Lo que sabía es que esta operación no le permitiría, en caso de tenerlos amamantarlos, no para que tuvieran un mejor desarrollo sino para rebajar más rápido los kilos que sin duda le dejaría el embarazo. Alguien le dijo que si su interés era tanto porque no tenía primero los hijos y luego se operaba, a lo que contestó simple y llanamente -y ya para qué-. En eso se abrió la puerta del restaurant y el cocinero gritó un número, la chica se levantó y tomo su pedido y se fue, no sin antes despedirse amablemente de los asistentes.
Me llama la atención que un tema que para muchas mujeres puede ser muy íntimo, de repente se convirtió en un tema general entre un grupo de desconocidos a los que su espíritu solidario los volvió consejeros de una chica a la que una nota de un periódico le arrancó una súbita exclamación. Además para ser sincero, y desde mi muy particular punto de vista la mera verdad, a esta chica no le hacía falta agregarse nada más.


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