domingo, 23 de agosto de 2009

Un momento de la historia Olímpica de México en mis manos

La medalla que forma parte de la historia

La participación de México en los Juegos Olímpicos a lo largo de la historia ha sido discreta. En total, en las participaciones de la delegación mexicana se han conquistado 55 medallas, 12 de oro, 18 de plata y 25 de bronce, la mayoría de ellas conquistadas por hombres.

Fue hasta 1968 en las Olimpiadas celebradas en nuestro país, que las mujeres figuraron en el medallero por vez primera. Correspondió el honor de ser las primeras en hacerlo a Pilar Roldán en Esgrima (Florete Individual) y en Natación a María Teresa Ramírez Gómez (800 metros de nado libre). La primera en conseguirlo fue Pilar Roldán, que gano su medalla el 20 de octubre mientras que Mari Tere lo hizo cuatro días más tarde el 24 del mismo mes en una cerrada competencia, donde supero en los últimos metros a la australiana Karen Moras. Sin duda, ambas escribieron una página memorable en la historia del deporte en México y no fue hasta los Juegos Olímpicos de Sydney, Australia en que Soraya Jiménez sorprendió a propios y extraños, conquistando el oro en levantamiento de pesas. Treinta y dos años después, una mujer mexicana volvía ganar una medalla olímpica.

Como con todo aquel que se dedica al deporte, el paso del tiempo merma las facultades y el retiro es inminente. Algunos siguen ligados al deporte de diversas formas y otros se incorporan a la vida ordinaria y vuelven a ser ciudadanos comunes cuando la flama de la fama adquirida se apaga y se confunden con el resto de las personas de la sociedad. A mediados de los 80’s entre a trabajar en una dependencia federal en la Ciudad de México, había pasado algún tiempo buscando incorporarme a ella y por fin esta oportunidad se dio. En mi primer día de trabajo fui presentado a algunos de mis nuevos compañeros y me fueron asignadas mis obligaciones. Entre las personas que me presentaron se encontraba la Lic. María Teresa Ramírez Gómez, el nombre no me decía nada, pero más tarde alguien me hizo el comentario de que ella había ganado una medalla en los Juegos Olímpicos del 68. A mi mente llegaron las escenas que vi en la pantalla de televisión de esos juegos celebrados en nuestro país. En esa época, era un niño y recuerdo que asistía a la escuela primaria en doble turno, mañana y tarde. Sin embargo, en ese mes de octubre, el gobierno suspendió las clases vespertinas para que los escolares pudiéramos disfrutar de las competencias olímpicas a través de la televisión, y si recordaba el vagamente el nombre de Mari Tere en mi mente.


Medalla de la XIX Olimpiada

Ella ocupaba una posición superior dentro de la dependencia, aunque no era mi jefe directo, pero compartíamos la misma área física. Con el tiempo nos hicimos amigos y platicábamos en las oportunidades que el trabajo lo permitía. Mari Tere, una mujer alta y delgada, de facciones finas, con personalidad tranquila, elegante en su porte y vestir, y una voz pausada y clara, la puedo contar entre esas personalidades que la vida nos da oportunidad de conocer. En una ocasión nos dimos una escapada de la oficina para ir al Museo de Antropología a conocer a Rodolfo Neri Vela, el primer mexicano que voló al espacio, y a quién Mari Tere admiraba. Conversamos de muchas cosas en ese tiempo y en alguna ocasión salió a la plática su participación en las Olimpiadas de México 68. Me platico su experiencia y al finalizar la plática recuerdo haber dicho que “a ver cuando me enseñas tu medalla”. Y ahí quedo. Nunca volvía a pedírselo.

Uno debe suponer que cuando alguien ha tenido un logro como ese, la medalla no solo es un trofeo como otros que se hubieran ganado. Una medalla olímpica, no solo es un trofeo sino una pieza con un valor histórico para su dueño y para el país que representa, por lo que esperar que me mostrara la presea era verdaderamente una petición sin sentido. Y lo es más si al buscar en la historia y ver las fotos del momento en blanco y negro, y leer las crónicas del suceso que parecen escritas en un lenguaje de otro tiempo. En fin mi petición, desde esta perspectiva estaba fuera de lugar.

Meses después, mi escritorio fue cambiado a otro piso y las cosas, como en todo trabajo en el gobierno auguraba cambios sobre todo para quienes ocupaban posiciones intermedias. Mis responsabilidades eran otras, el ambiente de trabajo era diferente y los cambios de personas se estaban dando. Un día me encontré por casualidad a Mari Tere a la entrada del piso donde ahora estaban mis responsabilidades, la salude y me dijo que la acompañara. Vestía una falda larga y holgada y llevaba las manos en los bolsillos que ésta tenía. Nos detuvimos junto a una ventana, y saco de uno de sus bolsillos ¡la medalla de bronce que había ganado! La recuerdo bien, mide unos doce centímetros de diámetro, pesada para su tamaño, en un lado garbado el logotipo oficial de la disciplina olímpica y por el otro XIX OLIMPADA MEXICO 1968. Aún conservaba el listón con el cual era colgada al cuello del ganador y la sonoridad del metal indiscutiblemente confirmaba el bronce del cual está hecha, pero uno de los lados mostraba una abolladura notoria. Mari Tere me comentó que al concluir los juegos regresó a las clases y ahí sus compañeras también le pidieron que les mostrara su presea, sin embargo una de ellas la tomo sin precaución y terminó en el suelo abollándose, dejando un tremendo malestar en ella a ver maltratada su medalla. Me dijo que, a 16 ó 17 años de los Juegos, no había mandado elaborar una réplica de su presea, así que la que tuve en mis manos era indudablemente ¡la original! La tuve unos instantes más entre mis manos y se la devolví, para evitar que otros compañeros se acercaran a curiosear y que pudiera ocurrirle un nuevo accidente.

Con el tiempo, Mari Tere dejo la dependencia en la que laborábamos y se fue a otra a una mejor posición. Mantuve el contacto con ella durante algún tiempo, luego por circunstancias personales me regrese a mi lugar de origen y en alguna visita que hice a la Ciudad de México la contacte vía telefónica dos o tres veces más. Luego perdí el contacto. Sin embargo, ocasionalmente la he visto en entrevistas en televisión, sobretodo en vísperas de las Olimpiadas, y me he alegrado de que su hazaña y ella misma no sean olvidadas del todo. Por mi parte quedaron grabados en mi mente esos breves momentos que se tomó para enseñármela pero sobretodo la gran persona que fue conmigo. Le agradezco la confianza que me dio para permitirme no solo ver, sino tocar una medalla olímpica que forma parte de la historia del deporte en nuestro país.

viernes, 14 de agosto de 2009

Ángel Macías, los Pequeños Gigantes y el Juego Perfecto, una leyenda que cumple 52 años... y contando


Monterrey a fines de los 50's, el de blanco y negro

Quiénes nacimos en Monterrey recordamos los años de nuestra niñez, allá por los 60's, en donde nuestra ciudad era otra, tranquila, segura, donde el tiempo parecía detenerse por las tardes de verano de calor intenso y seco, en esos años en los que se inicio lenta y pausadamente la transformación urbana que convertiría a Monterrey en la ciudad moderna que es hoy. Entonces la Ciudad parecía dormir a esas horas para despertar cuando el sol empezaba a decaer. Las calles, muchas sin pavimentar aún, comenzaban a llenarse de gente que salían a reanudar sus labores y los niños salían a jugar en el suelo de tierra que se convertía en un momento en un campo para jugar al deporte preferido de la infancia, el Béisbol.


Descansando en las calles de NYC

Así, bajo este marco de progreso incipiente que apenas estaba empezando a dejarse sentir entre las familias, se gesto la historia más maravillosa que se ha dado en el deporte mexicano y que si hubiera sido escrita como sucedió, difícilmente se creería.
Apenas en 1956 tomo forma el proyecto de las Ligas Pequeñas de Monterrey, las cuales desde un inicio formaron parte del programa de Williamsport, Pa., al igual que en la Ciudad de México. Fue la Liga Pequeña Industrial la pionera y fue la base para formar el equipo que conformaría el primero que participaría en el torneo que concluía con la Serie Mundial de Ligas Pequeñas en la la localidad de Williamsport, Pa. Antes de eso, se tenía que pasar por una serie de partidos eliminatorios del otro lado de la frontera, dado que de este lado no había otra Liga con quién eliminarse. El primer partido programado fue precisamente contra el equipo del Distrito Federal y se llevaría a cabo en Mc Allen, TX.


Caminando al lado de Eisenhower

Los recursos eran pocos y la expectativa también. Se pensó en un viaje que duraría tres días, y se inició el mismo en un trayecto por camión hacia Reynosa para cruzar a Mc Allen. Quién ha cruzado a los Estados Unidos por ahí, sabe que al otro de la frontera se encuentra Hidalgo, Tx., y para llegar a Mc Allen hay una distancia de unas 12 millas, la cual tuvieron que sortear a pie y cargando entre todos el equipaje más los bates, guantes y pelotas. Y así empezó la odisea. La idea era competir para aprender pero ya instalados en Mc Allen ganaron los 5 juegos que les daban el pase a la siguiente ronda, ganaron 2 más en Corpus Christi y 2 más en Dallas Fort Worth, todo esto en el Estado de Texas.


Lanzando con la derecha

Con cada juego ganado los pequeños peloteros se fortalecían cada vez más y pronto la idea de llegar a Williamsport y ganar la Serie Mundial fue permeando a todos ellos, excepto a sus managers. César L. Faz era un tanto escéptico y pensaba que si la derrota los alcanzaba sería un golpe desmoralizador para esos niños que apenas habían salido de sus casas por primera vez. Sin embargo, la semilla del triunfo había encontrado terreno fértil y esta empezó a propagarse rápida y fuertemente entre los jugadores, a tal grado que a veces existía cierta desconfianza hacia las palabras de su entrenador, a quién poco a poco la confianza que tenían sus jugadores lo fueron contagiando.
Durante su estancia en terreno texano, el equipo fue víctima de la discriminación en más de una ocasión. La conservadora sociedad texana no era capaz de creer que unos niños pobres e inquietos fueran capaces de venir y ganar con cierta facilidad a los equipos formados principalmente por niños blancos, bien alimentados y con una mejor posición económica, por lo que trataron de ejercer presión psicológica para desmoralizarlos, pero estos niños tenían temple de acero forjado al calor de los hornos de la cuna de la industria acerera de Latinoamérica. Pero así como encontraron piedras en el camino, su autenticidad y carisma les fue ganado adeptos y mucha gente, no solo mexicanos avecindados en el otro lado, de todas las razas y estratos sociales, comenzó a seguir su participación en el torneo a medida que avanzaban en él y también los apoyos que necesitaban para continuar su viaje fueron llegando con mayor fluidez.


Ángel Macías al bat

La siguiente parada fue en Louisville, Kentucky donde nuevamente ganaron los dos juegos que les daban el pase a la Serie Mundial de Ligas Pequeñas, que ese año estaba celebrando su décimo aniversario de denominarse así ya que de 1939 a 1946 se conoció como Torneo Nacional de Ligas Pequeñas y desde entonces equipos fuera de los Estados Unidos comenzaron a participar en ella. Así que, Monterrey era el primer equipo extranjero en llegar a estas instancias y la diferencia marcada en la estatura y peso entre lo integrantes de ambos equipos era notoria. Según las crónicas, señalan que eran entre seis y ocho pulgadas más bajos que sus contrincantes y pesaban entre 35 y 40 libras menos. No eran favoritos pero uno de los jugadores de Monterrey exclamó “no los vamos a cargar”, y así hicieron a un lado esta desventaja y se prepararon para el juego final.
Para llegar a este juego, previamente habían vencido al equipo de Bridgeport, Connecticut, con una pizarra de 4-1. Todos los juegos que efectuaron eran a eliminación directa, por lo que nunca hubo mañana en ninguno y ahora solo quedaba el juego de Campeonato. Era el 23 de agosto de 1957, una tarde soleada y espléndida para el juego. El estadio estaba abarrotado para ver el partido donde un equipo cenicienta buscaba la hazaña de ganar la Serie en su primera participación. Los muchachos, consideraban algunos, habían hecho bastante con llegar ahí por lo que una derrota gloriosa no sería mal vista. Sin embargo, y como muy pocas veces en la vida, este equipo estaba predestinado a concluir la historia de una forma que nadie, aún el más optimista, había imaginado.


Con Roy Campanella, ex-Sultán

Los ojos de diez mil personas están puestos en la figura de este pequeño de doce años de edad. Muchos más escuchan la trasmisión por radio a todo lo ancho de la Unión Americana y especialmente en Monterrey, México, donde está su hogar. Al concluir la 4a. Entrada el encuentro estaba empatado a cero, el manager del equipo de La Mesa, California, creía que lo podían ganar, después de todo ellos eran el gran equipo de California y ellos el pequeño equipo de México. Sin embargo, en la quinta entrada los bates de los regiomontanos se hicieron sonar y conectaron 2 hits, recibieron 2 bases por bolas y una jugada de sacrificio que terminó en error de los contrarios para anotar 4 carreras. Hasta esa entrada, Macías había ponchado a 8 bateadores y los restantes no pudieron sacar la pelota del cuadro. Para la sexta entrada, los asistentes miraban atónitos a este pequeño pitcher pero aún creían posible que los californianos reaccionaran y dieran la voltereta a la pizarra. No fue así, Ángel Macías se fajo y echo el resto en sus últimos lanzamientos y poncho a los tres bateadores en turno, y con ello al dio el punto final de una manera inimaginable una hazaña que no ha vuelto a ser repetida en 52 años, y que incluso los norteamericanos como El Juego más grande lanzado en la Serie Mundial de Ligas Pequeñas.


En la Casa Blanca

Así estos niños que cruzaron la frontera a pie cargando sus bates, guantes y pelotas escribieron en letras de oro una historia que parece sacada de un cuento, o escrita para tener un final de ensueño. Los Pequeños Gigantes, como se les empezó a conocer, partieron al día siguiente a Nueva York para ser recibidos con honores por las Ligas Mayores en el juego de los Dodgers de Brooklyn contra San Luis. Posteriormente fueron a Washington a la Casa Blanca donde los recibió el Presidente Dwigth D. Einsenhower y compartieron la mesa con los futuros presidentes Richard Nixon y Lyndon B. Johnson. Por varios días recorrieron algunos lugares de la Unión Americana y retornaron a México, pero no ha Monterrey, sino que volaron directamente a la Capital del País para ser recibidos por el Presidente Adolfo Ruiz-Cortines. Así, a casi un mes de haber ganado el campeonato, regresaron por fin a su hogar, Monterrey que en ese tiempo contaba con alrededor de 500 mil habitantes, y se toparon con una cálida bienvenida en la que 300 mil personas se volcaron a las calles a vitorearlos.


Los Pequeños Gigantes

Finalmente, las celebraciones cesaron, y poco a poco los integrantes del equipo volvieron a su rutina diaria, a la escuela, a las obligaciones del hogar. Crecieron y empezaron a hacer su vida. Solamente Ángel Macías y Pepe Maiz continuaron ligados al beisbol. Maiz jugó en ligas de desarrollo pero su principal actividad la ha ejercido como directivo de beisbol. Actualmente es el dueño de los Sultanes de Monterrey y es el único mexicano en el Salón de la Fama de las Ligas Pequeñas junto a personalidades como Kevin Costner, George Bush y Tom Selleck, por mencionar a algunos.
Ángel Macías, por su parte, a los 17 años fue contratado por los Serafines de California, a los 18 años debuto en la Liga Mexicana de Beisbol con los Broncos de Reynosa, luego en la Liga Central con el equipo de León, Gto., regreso a Reynosa donde se corono campeón en la temporada 1969 bajo el mando del manager Miguel Sotelo. En 1971 llegó a los Sultanes de Monterrey, en un cambio polémico porque en la transferencia Héctor Espino fue a dar a Reynosa quienes en ese año cambiaron de sede a Tampico. También jugó en la Liga de Invierno Sonora-Sinaloa. Macías defendió las franelas de los Venados de Mazatlán, Tomateros de Culiacán (donde fue campeón en la temporada 69-70) y los Naranjeros de Hermosillo. Se retiró de la pelota profesional a los 29 años de edad, y después se buscó un trabajo, terminó sus estudios de preparatoria estudiando por las noches y se graduó de Lic. En Administración de Empresas. Fue durante muchos años Director de Recursos Humanos del Grupo Alfa y al retirarse fue Director de la Academia de Beisbol de El Carmen, N. L. Vive en Monterrey, a donde llegó muy chico procedente de Aguascalientes junto con su familia.


Con Richard Nixon y Lyndon B. Johnson

El resto de los integrantes del equipo, se integraron a la sociedad haciendo una vida como cualquier ciudadano. Primero fueron jóvenes estudiantes y luego al concluir sus estudios se integraron a diversas empresas de la localidad donde trabajaron cobijados por el anonimato que les dio la vida adulta. Todos ellos han sido hombres de bien dedicados al trabajo y sus familias y de cuando en cuando se reúnen a recordar esos días memorables que les toco vivir. 52 años después cinco de ellos ya nos han abandonado, Norberto Villarreal, Francisco Aguilar, Baltasar Charles, Fidel Ruiz y más recientemente Alfonso Cortés Cuadra, quién falleció justo en el año que se cumplió el 50 aniversario de la hazaña.
César L. Faz aún vive y después de dejar las Ligas Pequeñas vivió de trabajar en diversas industrias de Monterrey, su coach auxiliar José González Torres falleció recientemente y dirigió por muchos años el programa de las Ligas Pequeñas de Monterrey. Harold “Lucky” Haskings, falleció a los pocos años y existe poca información disponible en la red o las bibliotecas, sin embargo sus descendientes viven en Monterrey.
Sobreviven a la fecha Ángel Macías, Ricardo Treviño, Gerardo González, Pepe Maiz, Enrique Suárez, Rafael Estrello, Mario Ontiveros, Jesús Contreras y Roberto Mendiola.


¡Congratulations!

Pareciera que esta página de la historia del deporte mexicano ha sido olvidada y que solo se recuerda en Monterrey cada que se cumple un aniversario más. A lo largo de los años en el resto del país no se recuerda o conoce la historia, en una página web de EL HERALDO DE AGUASCALIENTES, encontré una columna donde se hace mención de una de las dos películas que se han hecho de la historia. El autor desconoce por completo la historia y habla de ella como si fuera un cuento gringo y la saca a relucir por el hecho de que Macías es nacido en esa ciudad, más precisamente en el barrio del Encino y remata diciendo que con esa hazaña a cuestas esperaba que hubiera brillado en el beisbol mexicano pero que según su entender no fue así (por lo que se ve ni siquiera se dio a la tarea de buscar en la red). Y como él seguramente habrá muchos más que desconozcan esta grandiosa historia que refleja lo que sin prejuicios los Niños Campeones de 1957 fueron capaces de hacer.
Contrario a lo que sucede en el país, los que no olvidan tal hazaña son precisamente los gringos. Ellos si se han despojado de todos los prejuicios que los caracterizan contra los mexicanos y recuerdan la epopeya de la Liga Industrial como una de las páginas más gloriosas escritas en el beisbol. Ángel Macías ha sido sin lugar a dudas el único deportista mexicano que ha estado por lo menos junto a cuatro presidentes estadounidenses, Eisenhower, Nixon, Johnson y Bush, reuniones con 50 años de diferencia, quienes le han dado la dimensión real que merece. Un año antes, en 1956, se había lanzado el primer juego perfecto en la Serie Mundial por Fred Shapiro de la Liga Delaware Township, N. J. El de Macías fue el segundo pero es el único que se ha lanzado en el juego de campeonato. Posteriormente se han lanzado solo tres juegos perfectos más, el último por el pitcher de la Liga de Matamoros, Jesús Sauceda apenas en 2008, pero fue un juego de cuatro entradas que termino por nocaut dada la diferencia en la pizarra.
Para celebrar, los 50 años del campeonato del 57 los integrantes del equipo derrotado La Mesa, Ca., se reunieron para recordar ese juego. Durante la reunión algunos integrantes del equipo establecieron contacto telefónico con Pepe Maiz y Ángel Macías, entre ellos el pitcher Lew Riley, quién fue el antagonista de Macías en el juego y quiénes no habían vuelto a platicar desde ese memorable juego. No cabe duda que también la derrota hay dignidad y a todos aquellos que participaron en ese juego de campeonato son como una hermandad y después de cinco largas décadas guardan gratos recuerdos del momento que les toco vivir de uno u otro lado. Cabe destacar que Riley durante la temporada regular con su equipo había lanzado tres juegos sin hit.
Una historia real como esta que ha cautivado a mucha gente no podía pasar desapercibida para la industria cinematográfica, de hecho la historia misma parece escrita por algún guionista de Hollywood. En 1960 se estreno o pretendía estrenar la película LOS PEQUEÑOS GIGANTES, dirigida por el canadiense Hugo Butler quién uso el pseudónimo de Hugo Mozo. En ella se recreaba el camino de estos pequeños peloteros desde su salida de Monterrey hasta su retorno en medio de un gran recibimiento. El mérito de esta película es que fue interpretada por los mismos peloteros y sus managers y fue filmada en Monterrey y en algunas ciudades texanas e incluía parte de las filmaciones que se hacían para los noticieros de cine del juego del campeonato. Según escuche, en los Estados Unidos es o era una película que en verano es transmitida regularmente en televisión y es una historia que gusta mucho al público estadounidense, allá se conoce como How tall is a giant”. Según las crónicas la idea era que en su estreno participaran los jugadores e hicieran un recorrido por diversas ciudades de la Unión Americana. Sin embargo la organización de las Ligas Pequeñas de Williamsport no lo permitió, para evitar cualquier intento de lucro con los pequeños beisbolistas. Al parecer esta cinta nunca se estreno en las salas cinematográficas y menos en México. Recuerdo que la vi por vez primera en televisión a mediados de los 80's al celebrarse el 30 aniversario del campeonato y algunos de los integrantes del equipo fueron invitados al Canal 28 de Monterrey. En esa ocasión Pepe Maiz, comentó ante la cámara que era la primera vez que la veía y que su familia la estaba grabando en video.
Mucha gente ha preguntado donde conseguir la cinta y eso es un gran misterio. Puede conseguirse en la red, pero al parecer son copias hechas de las transmisiones en televisión. Hasta donde he investigado no hay copias comerciales de la película disponibles actualmente. Al momento que me di a la tarea de buscar información para este ensayo, vi en una página de un festival de cine en Cuba, en el que se exhibiría la película, que el negativo original estuvo extraviado por varios años hasta que fue localizado por el Archivo de la Academia de Ciencias y Artes de los Estados Unidos, el cual hizo una copia y la entrego a la Filmoteca de la UNAM para su resguardo y como una mera suposición, esta entrego una copia a Televisa México para su transmisión en señal abierta. Solo Televisa y cadenas asociadas transmiten eventualmente la película. Esto explica en buena parte la falta de copias comerciales de esta obra cinematográfica. En lo personal creo que debería compartirse y hacer una edición para su venta y dar a conocer esta historia a las nuevas generaciones.
Recientemente se filmo una nueva versión interpretada por Clifton Collins Jr. en el papel de César L. Faz y Jake T. Austin interpretando a Ángel Macías. La historia trata de captar la magia que envolvió a este equipo pero se aleja un tanto de los acontecimientos para hacerla mas hollywoodesca, algo desde mi punto de vista innecesario ya que la historia en si es cautivadora. Se pretendía estrenarla el 8 de Agosto de 2008, incluso en Monterrey se colocaron varios anuncios espectaculares anunciando su estreno, pero este se ha pospuesto una y otra vez y solo ha sido exhibida en funciones benéficas, la última en el Festival de Cine de Guadalajara de este año. Tampoco ha salido a la venta en DVD, por lo que su estreno es un misterio y a la fecha no hay noticias nuevas al respecto.
Pero no solo el Juego Perfecto de Ángel Macías marco un hito en la historia de las Ligas Pequeñas. Hubo varias cosas que marcaron un precedente, por ejemplo:
· La Liga Pequeña Industrial ha sido la única que ha participado usando su propio uniforme. Al representar en ese entonces a la Región Sur de los Estados Unidos, debían portar la franela distintiva. Como esos uniformes estaban hechos para niños de mayor estatura, a la Liga no le quedo otra que permitir el uso de sus uniformes que llevaban bordados en el pecho “Monterrey”.
· La Liga Industrial fue la primera liga extranjera que gano la Serie Mundial de Ligas Pequeñas y la primera en lograrlo en forma consecutiva en dos ocasiones, 57 y 58. La primera Liga norteamericana que lo logró lo hizo hasta 1993 y correspondió a Long Beach, Ca.
· Las Ligas Pequeñas de Monterrey han llegado al juego de campeonato en cuatro ocasiones 1957, 1958, 1964 y 1997, ganando tres de ellas y quedando subcampeones en el 64.
Muchos han querido comprar el campeonato mundial de fútbol sub-17 con el campeonato del 57. No hay punto de comparación, los niños del 57 salieron de sus casas en barrios pobres a jugar como los grandes. Los futbolistas sub-17, formaban parte de la nómina de un equipo profesional en su mayoría y ya llevaban varios años jugando profesionalmente al fútbol. Otros han dicho que si fueron campeones, debieron haber brillado en el béisbol profesional. Las Ligas Pequeñas son formativas y su labor se centra en forjar niños que antes que deportistas sean hombres de bien para su comunidad y su familia. Quizá algunos piensen que por ser una competencia infantil no presenta grado de dificultad. Un lanzador de ligas pequeñas llega a hacer lanzamientos cercanos a las 90 millas/hr, y se necesita temple para que a la edad de doce años se tenga control sobre sí mismo para maniatar a bateador tras bateador y firmeza para enfrentar a bateadores más altos y fuertes ante más de diez mil espectadores.
Los mexicanos no nos caracterizamos por trabajar en equipo, estos niños lo hicieron como si fueran uno solo, se sobrepusieron a sus limitaciones y a las que como sociedad les heredamos, se enfrentaron a los mejores, creyeron en si mismos y salieron victoriosos como ningún deporte de conjunto mexicano lo ha hecho.
¿Quién de niño no ha soñado con hacer cosas realmente grandes? Muchos, seguramente. Pocos sin embargo lo han logrado y estos niños lo soñaron, lo vivieron y lo disfrutaron. A nosotros nos toca recordarlo y contarlo con la misma emoción que ellos lo jugaron. Sin duda alguna Los Pequeños Campeones de 1957 son
¡ORGULLO DE MÉXICO, ORGULLO DE MONTERREY!

martes, 4 de agosto de 2009

La Importancia del Nombre


Sin lugar a dudas uno de los acontecimientos más importantes en la vida de una persona es el nacimiento de un hijo, a partir de ese momento la rutina diaria cambia y sus necesidades hacen que la nuestra gire alrededor de ellas, por lo que ésta cambia de un día para otro y no volverá a ser igual que antes de la llegada del bebé. Este gozo viene precedido por la alegría que acompaña a la noticia, lo que nos lleva casi inmediatamente a empezar la búsqueda del nombre que portará por el resto de sus días el nuevo integrante de la familia.

El nombre es como una marca indeleble que juega un papel importante en la vida del Hombre. La correcta elección del mismo tendrá un efecto importante en el desarrollo del individuo, en su autoestima y en sus fortalezas y debilidades, y por esa razón no se alcanza a comprender en muchos casos, la elección que del mismo hacen algunas personas en detrimento de sus descendientes. No solo es el nombre en sí mismo el que impacta en la vida de la persona, a veces, por honrar al papá o al abuelo, o a algún familiar o amigo, trasladamos sus nombres al de los hijos sin pensar que tarde que temprano lo aprobara o desaprobara, en otras palabras, será una marca por la cual los padres serán recordados para bien o para mal por el resto de sus días.

Los problemas con el nombre comienzan en cosas triviales. Cuantas veces no ha llamado a la casa de un amigo preguntando por él y lo primero que escucha al otro lado de la línea es “¿cuál de los dos el grande o el chico?” O bien, quizá le ha pasado que al contestarle la llamada y pregunta por tal o cual persona le dicen, “si soy yo” (y para acabarla con el mismo tono de voz) e inmediatamente hacemos uso de nuestro variado y rico lenguaje popular creyendo que es la persona a la cual buscamos, lo peor del caso es que se llegan a decir cosas de las que la familia no tiene conocimiento, por lo que se generan involuntariamente situaciones embarazosas, hasta que escuchamos del otro lado de la línea “espérame tantito deja te paso a …”, para cuando nos dicen esto ya hemos metido la pata hasta el fondo.

Sucede en estos casos que para diferenciar a uno de otro el papá es Paco y el hijo Paquito, o Carlos o Carlitos, o bien Juan o Juanito. El problema es que ese diminutivo no los deja crecer y llega a los 30 ó 40 años de edad y sigue siendo Paquito, Carlitos o Juanito. Recuerdo que un comercial de radio hacía referencia a esto, se oye decir a un médico a su secretaria “que pase Carlitos” y una voz ronca dice “hola doctor como está”.

Otro problema de la elección del nombre, que surge cuando al hijo se le otorga el nombre del padre es que a la larga representa una carga, ya que no faltarán las comparaciones entre ambos en la medida que los hijos empiecen a hacer su propio camino en la vida. Sobran ejemplos de padres exitosos que al heredar su nombre al primogénito, le heredan con ello una pesada losa que se hace más pesada cuando el hijo trata de seguir los pasos de su padre. En este caso sucede que al principio hay expectativa, cuando el hijo de un famoso hace su aparición en el mismo escenario que el padre sea este artístico, educativo, deportivo o científico, todo mundo espera que en el hijo las facultades del padre se potencien como por mera herencia genética y que por ese simple hecho si el padre fue triunfador el hijo por lo tanto debe superarlo. Desde ese momento se cierne sobre el hijo, cual sombra amenazante, la imagen triunfadora del padre y más que un privilegio se convierte en una desventaja, ya que en todo momento las comparaciones son inevitables, por lo que empieza su vida propia con un hándicap en contra, mismo con el que tendrá que lidiar por el resto de sus días. Por eso no les extrañe que en casos como éste se de la negación del antecesor, y que de ser el ídolo que muchos niños ven en sus padres, este se convierta en el enemigo a vencer para brillar con luz propia y donde los sentimientos fraternales se tornan en odio o resentimiento hacia el progenitor.

Por otro lado si el padre es un perdedor o un ser negativo para la sociedad, el hijo en consecuencia también lo es a los ojos de la gente, y la desconfianza que se manifiesta hacia el progenitor también la padece el descendiente, aún y cuando no haya hecho nada para merecerla. Marcado de por vida por esta situación, al hijo no le quedara más que emprender su propio camino lejos de él y fuera totalmente del circulo social que lo rodea, convirtiéndose en un exiliado social que tiene que encontrarse a sí mismo, probablemente lejos de su lugar de origen y de la familia, negando consecuentemente su origen.

Antes la gente no batallaba para elegir un nombre. Casi por decreto familiar el primogénito cargaba con el nombre del padre, que era el mismo que el del abuelo y el tatarabuelo, y quién sabe cuántas generaciones más. En otros casos, para evitar controversias se recurría al santoral del calendario y se ponía el nombre del santo correspondiente a la fecha, si se tenía suerte el nombre podía ser Juan, Pablo, Carlos, etc., pero si no hasta las abreviaciones de los días festivos fueron a parar a las actas de nacimiento de muchas personas. Con el tiempo, muchos cayeron en cuenta que no podían seguir perpetuando un nombre por generaciones sin saber realmente en que generación se inicio con los homenajes familiares. Entonces los nombres empezaron a ser diferentes a los de los padres, pero los acontecimientos importantes de la nación dieron origen a muchos nombres, quién no conoce a alguna mujer de nombre Olimpia que haya nacido en 1968, año de las Olimpiadas celebradas en México. Luego fueron las telenovelas las que fueron fuente de inspiración (Rubí, Yesenia, Gustavo Adolfo, solo por mencionar algunos), o las series de televisión (Brandon, Kevin, Bryan, con sus múltiples variaciones de mala ortografía o españolización de los nombres extranjeros) hasta llegar a nombres que de plano carecen de origen lingüístico y se inventaron por sus padres, incluso momentos antes de entrar al Registro Civil, y que en algunos años pondrán de cabeza al los estudiosos del lenguaje. No falta quién en un arranque de nacionalismo y reivindicación de nuestras raíces indígenas hayan escogido nombres como Tenoch, Cuauhtémoc o incluso Netzahualcóyotl (por ahí anda un líder sindical que se llama así).

Otros de plano se van a los extremos, recientemente apareció una nota en los periódicos en la que un hombre en el Estado de Coahuila lleva por nombre Brhadaranyakopanishadvivekachudamani Erreh, el cual significa hombre puro y fue tomado de un libro de poemas hindú, y cuyos apellidos son Muñoz Castillo, nada que ver. Solo espero que el padre de esta persona no haya leído la novela Odisea 3001 de Arthur C. Clarke y escogiera para otro hijo el nombre Thirugnanasampanthamoorthy, nombre que el propio Clarke asegura que lo tomo de la guía telefónica de Colombo en Sri Lanka. Me imagino que personas con nombres así lidiaran la vida entera dando explicaciones y corrigiendo constantemente a aquellos que les soliciten en nombre hasta para el más mínimo trámite, sufriendo con documentos oficiales porque su nombre no está escrito igual en los diferentes documentos que conforman la identidad legal.

En fin, escoger el nombre para un hijo no es algo que deba tomarse a la ligera. La decisión que como padres tomemos al respecto impactara en la vida de nuestros hijos. Si no podemos heredarles algo que haga más llevadera su vida por lo menos démosles un nombre que les de identidad propia, que les facilite la vida y que al pronunciarlo lo hagan con orgullo.

En mi caso en particular, ya hice examen de conciencia en este tema y les he explicado a mis hijos el porqué de sus nombres, solo espero que la explicación que les di haya sido convincente.

¿Usted ya lo hizo?