Monterrey a fines de los 50's, el de blanco y negro
Quiénes nacimos en Monterrey recordamos los años de nuestra niñez, allá por los 60's, en donde nuestra ciudad era otra, tranquila, segura, donde el tiempo parecía detenerse por las tardes de verano de calor intenso y seco, en esos años en los que se inicio lenta y pausadamente la transformación urbana que convertiría a Monterrey en la ciudad moderna que es hoy. Entonces la Ciudad parecía dormir a esas horas para despertar cuando el sol empezaba a decaer. Las calles, muchas sin pavimentar aún, comenzaban a llenarse de gente que salían a reanudar sus labores y los niños salían a jugar en el suelo de tierra que se convertía en un momento en un campo para jugar al deporte preferido de la infancia, el Béisbol.
Descansando en las calles de NYC
Así, bajo este marco de progreso incipiente que apenas estaba empezando a dejarse sentir entre las familias, se gesto la historia más maravillosa que se ha dado en el deporte mexicano y que si hubiera sido escrita como sucedió, difícilmente se creería.
Apenas en 1956 tomo forma el proyecto de las Ligas Pequeñas de Monterrey, las cuales desde un inicio formaron parte del programa de Williamsport, Pa., al igual que en la Ciudad de México. Fue la Liga Pequeña Industrial la pionera y fue la base para formar el equipo que conformaría el primero que participaría en el torneo que concluía con la Serie Mundial de Ligas Pequeñas en la la localidad de Williamsport, Pa. Antes de eso, se tenía que pasar por una serie de partidos eliminatorios del otro lado de la frontera, dado que de este lado no había otra Liga con quién eliminarse. El primer partido programado fue precisamente contra el equipo del Distrito Federal y se llevaría a cabo en Mc Allen, TX.
Caminando al lado de Eisenhower
Los recursos eran pocos y la expectativa también. Se pensó en un viaje que duraría tres días, y se inició el mismo en un trayecto por camión hacia Reynosa para cruzar a Mc Allen. Quién ha cruzado a los Estados Unidos por ahí, sabe que al otro de la frontera se encuentra Hidalgo, Tx., y para llegar a Mc Allen hay una distancia de unas 12 millas, la cual tuvieron que sortear a pie y cargando entre todos el equipaje más los bates, guantes y pelotas. Y así empezó la odisea. La idea era competir para aprender pero ya instalados en Mc Allen ganaron los 5 juegos que les daban el pase a la siguiente ronda, ganaron 2 más en Corpus Christi y 2 más en Dallas Fort Worth, todo esto en el Estado de Texas.
Lanzando con la derecha
Con cada juego ganado los pequeños peloteros se fortalecían cada vez más y pronto la idea de llegar a Williamsport y ganar la Serie Mundial fue permeando a todos ellos, excepto a sus managers. César L. Faz era un tanto escéptico y pensaba que si la derrota los alcanzaba sería un golpe desmoralizador para esos niños que apenas habían salido de sus casas por primera vez. Sin embargo, la semilla del triunfo había encontrado terreno fértil y esta empezó a propagarse rápida y fuertemente entre los jugadores, a tal grado que a veces existía cierta desconfianza hacia las palabras de su entrenador, a quién poco a poco la confianza que tenían sus jugadores lo fueron contagiando.
Durante su estancia en terreno texano, el equipo fue víctima de la discriminación en más de una ocasión. La conservadora sociedad texana no era capaz de creer que unos niños pobres e inquietos fueran capaces de venir y ganar con cierta facilidad a los equipos formados principalmente por niños blancos, bien alimentados y con una mejor posición económica, por lo que trataron de ejercer presión psicológica para desmoralizarlos, pero estos niños tenían temple de acero forjado al calor de los hornos de la cuna de la industria acerera de Latinoamérica. Pero así como encontraron piedras en el camino, su autenticidad y carisma les fue ganado adeptos y mucha gente, no solo mexicanos avecindados en el otro lado, de todas las razas y estratos sociales, comenzó a seguir su participación en el torneo a medida que avanzaban en él y también los apoyos que necesitaban para continuar su viaje fueron llegando con mayor fluidez.
Ángel Macías al bat
La siguiente parada fue en Louisville, Kentucky donde nuevamente ganaron los dos juegos que les daban el pase a la Serie Mundial de Ligas Pequeñas, que ese año estaba celebrando su décimo aniversario de denominarse así ya que de 1939 a 1946 se conoció como Torneo Nacional de Ligas Pequeñas y desde entonces equipos fuera de los Estados Unidos comenzaron a participar en ella. Así que, Monterrey era el primer equipo extranjero en llegar a estas instancias y la diferencia marcada en la estatura y peso entre lo integrantes de ambos equipos era notoria. Según las crónicas, señalan que eran entre seis y ocho pulgadas más bajos que sus contrincantes y pesaban entre 35 y 40 libras menos. No eran favoritos pero uno de los jugadores de Monterrey exclamó “no los vamos a cargar”, y así hicieron a un lado esta desventaja y se prepararon para el juego final.
Para llegar a este juego, previamente habían vencido al equipo de Bridgeport, Connecticut, con una pizarra de 4-1. Todos los juegos que efectuaron eran a eliminación directa, por lo que nunca hubo mañana en ninguno y ahora solo quedaba el juego de Campeonato. Era el 23 de agosto de 1957, una tarde soleada y espléndida para el juego. El estadio estaba abarrotado para ver el partido donde un equipo cenicienta buscaba la hazaña de ganar la Serie en su primera participación. Los muchachos, consideraban algunos, habían hecho bastante con llegar ahí por lo que una derrota gloriosa no sería mal vista. Sin embargo, y como muy pocas veces en la vida, este equipo estaba predestinado a concluir la historia de una forma que nadie, aún el más optimista, había imaginado.
Con Roy Campanella, ex-Sultán
Los ojos de diez mil personas están puestos en la figura de este pequeño de doce años de edad. Muchos más escuchan la trasmisión por radio a todo lo ancho de la Unión Americana y especialmente en Monterrey, México, donde está su hogar. Al concluir la 4a. Entrada el encuentro estaba empatado a cero, el manager del equipo de La Mesa, California, creía que lo podían ganar, después de todo ellos eran el gran equipo de California y ellos el pequeño equipo de México. Sin embargo, en la quinta entrada los bates de los regiomontanos se hicieron sonar y conectaron 2 hits, recibieron 2 bases por bolas y una jugada de sacrificio que terminó en error de los contrarios para anotar 4 carreras. Hasta esa entrada, Macías había ponchado a 8 bateadores y los restantes no pudieron sacar la pelota del cuadro. Para la sexta entrada, los asistentes miraban atónitos a este pequeño pitcher pero aún creían posible que los californianos reaccionaran y dieran la voltereta a la pizarra. No fue así, Ángel Macías se fajo y echo el resto en sus últimos lanzamientos y poncho a los tres bateadores en turno, y con ello al dio el punto final de una manera inimaginable una hazaña que no ha vuelto a ser repetida en 52 años, y que incluso los norteamericanos como El Juego más grande lanzado en la Serie Mundial de Ligas Pequeñas.
En la Casa Blanca
Así estos niños que cruzaron la frontera a pie cargando sus bates, guantes y pelotas escribieron en letras de oro una historia que parece sacada de un cuento, o escrita para tener un final de ensueño. Los Pequeños Gigantes, como se les empezó a conocer, partieron al día siguiente a Nueva York para ser recibidos con honores por las Ligas Mayores en el juego de los Dodgers de Brooklyn contra San Luis. Posteriormente fueron a Washington a la Casa Blanca donde los recibió el Presidente Dwigth D. Einsenhower y compartieron la mesa con los futuros presidentes Richard Nixon y Lyndon B. Johnson. Por varios días recorrieron algunos lugares de la Unión Americana y retornaron a México, pero no ha Monterrey, sino que volaron directamente a la Capital del País para ser recibidos por el Presidente Adolfo Ruiz-Cortines. Así, a casi un mes de haber ganado el campeonato, regresaron por fin a su hogar, Monterrey que en ese tiempo contaba con alrededor de 500 mil habitantes, y se toparon con una cálida bienvenida en la que 300 mil personas se volcaron a las calles a vitorearlos.
Los Pequeños Gigantes
Finalmente, las celebraciones cesaron, y poco a poco los integrantes del equipo volvieron a su rutina diaria, a la escuela, a las obligaciones del hogar. Crecieron y empezaron a hacer su vida. Solamente Ángel Macías y Pepe Maiz continuaron ligados al beisbol. Maiz jugó en ligas de desarrollo pero su principal actividad la ha ejercido como directivo de beisbol. Actualmente es el dueño de los Sultanes de Monterrey y es el único mexicano en el Salón de la Fama de las Ligas Pequeñas junto a personalidades como Kevin Costner, George Bush y Tom Selleck, por mencionar a algunos.
Ángel Macías, por su parte, a los 17 años fue contratado por los Serafines de California, a los 18 años debuto en la Liga Mexicana de Beisbol con los Broncos de Reynosa, luego en la Liga Central con el equipo de León, Gto., regreso a Reynosa donde se corono campeón en la temporada 1969 bajo el mando del manager Miguel Sotelo. En 1971 llegó a los Sultanes de Monterrey, en un cambio polémico porque en la transferencia Héctor Espino fue a dar a Reynosa quienes en ese año cambiaron de sede a Tampico. También jugó en la Liga de Invierno Sonora-Sinaloa. Macías defendió las franelas de los Venados de Mazatlán, Tomateros de Culiacán (donde fue campeón en la temporada 69-70) y los Naranjeros de Hermosillo. Se retiró de la pelota profesional a los 29 años de edad, y después se buscó un trabajo, terminó sus estudios de preparatoria estudiando por las noches y se graduó de Lic. En Administración de Empresas. Fue durante muchos años Director de Recursos Humanos del Grupo Alfa y al retirarse fue Director de la Academia de Beisbol de El Carmen, N. L. Vive en Monterrey, a donde llegó muy chico procedente de Aguascalientes junto con su familia.
Con Richard Nixon y Lyndon B. Johnson
El resto de los integrantes del equipo, se integraron a la sociedad haciendo una vida como cualquier ciudadano. Primero fueron jóvenes estudiantes y luego al concluir sus estudios se integraron a diversas empresas de la localidad donde trabajaron cobijados por el anonimato que les dio la vida adulta. Todos ellos han sido hombres de bien dedicados al trabajo y sus familias y de cuando en cuando se reúnen a recordar esos días memorables que les toco vivir. 52 años después cinco de ellos ya nos han abandonado, Norberto Villarreal, Francisco Aguilar, Baltasar Charles, Fidel Ruiz y más recientemente Alfonso Cortés Cuadra, quién falleció justo en el año que se cumplió el 50 aniversario de la hazaña.
César L. Faz aún vive y después de dejar las Ligas Pequeñas vivió de trabajar en diversas industrias de Monterrey, su coach auxiliar José González Torres falleció recientemente y dirigió por muchos años el programa de las Ligas Pequeñas de Monterrey. Harold “Lucky” Haskings, falleció a los pocos años y existe poca información disponible en la red o las bibliotecas, sin embargo sus descendientes viven en Monterrey.
Sobreviven a la fecha Ángel Macías, Ricardo Treviño, Gerardo González, Pepe Maiz, Enrique Suárez, Rafael Estrello, Mario Ontiveros, Jesús Contreras y Roberto Mendiola.
¡Congratulations!
Pareciera que esta página de la historia del deporte mexicano ha sido olvidada y que solo se recuerda en Monterrey cada que se cumple un aniversario más. A lo largo de los años en el resto del país no se recuerda o conoce la historia, en una página web de EL HERALDO DE AGUASCALIENTES, encontré una columna donde se hace mención de una de las dos películas que se han hecho de la historia. El autor desconoce por completo la historia y habla de ella como si fuera un cuento gringo y la saca a relucir por el hecho de que Macías es nacido en esa ciudad, más precisamente en el barrio del Encino y remata diciendo que con esa hazaña a cuestas esperaba que hubiera brillado en el beisbol mexicano pero que según su entender no fue así (por lo que se ve ni siquiera se dio a la tarea de buscar en la red). Y como él seguramente habrá muchos más que desconozcan esta grandiosa historia que refleja lo que sin prejuicios los Niños Campeones de 1957 fueron capaces de hacer.
Contrario a lo que sucede en el país, los que no olvidan tal hazaña son precisamente los gringos. Ellos si se han despojado de todos los prejuicios que los caracterizan contra los mexicanos y recuerdan la epopeya de la Liga Industrial como una de las páginas más gloriosas escritas en el beisbol. Ángel Macías ha sido sin lugar a dudas el único deportista mexicano que ha estado por lo menos junto a cuatro presidentes estadounidenses, Eisenhower, Nixon, Johnson y Bush, reuniones con 50 años de diferencia, quienes le han dado la dimensión real que merece. Un año antes, en 1956, se había lanzado el primer juego perfecto en la Serie Mundial por Fred Shapiro de la Liga Delaware Township, N. J. El de Macías fue el segundo pero es el único que se ha lanzado en el juego de campeonato. Posteriormente se han lanzado solo tres juegos perfectos más, el último por el pitcher de la Liga de Matamoros, Jesús Sauceda apenas en 2008, pero fue un juego de cuatro entradas que termino por nocaut dada la diferencia en la pizarra.
Para celebrar, los 50 años del campeonato del 57 los integrantes del equipo derrotado La Mesa, Ca., se reunieron para recordar ese juego. Durante la reunión algunos integrantes del equipo establecieron contacto telefónico con Pepe Maiz y Ángel Macías, entre ellos el pitcher Lew Riley, quién fue el antagonista de Macías en el juego y quiénes no habían vuelto a platicar desde ese memorable juego. No cabe duda que también la derrota hay dignidad y a todos aquellos que participaron en ese juego de campeonato son como una hermandad y después de cinco largas décadas guardan gratos recuerdos del momento que les toco vivir de uno u otro lado. Cabe destacar que Riley durante la temporada regular con su equipo había lanzado tres juegos sin hit.
Una historia real como esta que ha cautivado a mucha gente no podía pasar desapercibida para la industria cinematográfica, de hecho la historia misma parece escrita por algún guionista de Hollywood. En 1960 se estreno o pretendía estrenar la película LOS PEQUEÑOS GIGANTES, dirigida por el canadiense Hugo Butler quién uso el pseudónimo de Hugo Mozo. En ella se recreaba el camino de estos pequeños peloteros desde su salida de Monterrey hasta su retorno en medio de un gran recibimiento. El mérito de esta película es que fue interpretada por los mismos peloteros y sus managers y fue filmada en Monterrey y en algunas ciudades texanas e incluía parte de las filmaciones que se hacían para los noticieros de cine del juego del campeonato. Según escuche, en los Estados Unidos es o era una película que en verano es transmitida regularmente en televisión y es una historia que gusta mucho al público estadounidense, allá se conoce como “How tall is a giant”. Según las crónicas la idea era que en su estreno participaran los jugadores e hicieran un recorrido por diversas ciudades de la Unión Americana. Sin embargo la organización de las Ligas Pequeñas de Williamsport no lo permitió, para evitar cualquier intento de lucro con los pequeños beisbolistas. Al parecer esta cinta nunca se estreno en las salas cinematográficas y menos en México. Recuerdo que la vi por vez primera en televisión a mediados de los 80's al celebrarse el 30 aniversario del campeonato y algunos de los integrantes del equipo fueron invitados al Canal 28 de Monterrey. En esa ocasión Pepe Maiz, comentó ante la cámara que era la primera vez que la veía y que su familia la estaba grabando en video.
Mucha gente ha preguntado donde conseguir la cinta y eso es un gran misterio. Puede conseguirse en la red, pero al parecer son copias hechas de las transmisiones en televisión. Hasta donde he investigado no hay copias comerciales de la película disponibles actualmente. Al momento que me di a la tarea de buscar información para este ensayo, vi en una página de un festival de cine en Cuba, en el que se exhibiría la película, que el negativo original estuvo extraviado por varios años hasta que fue localizado por el Archivo de la Academia de Ciencias y Artes de los Estados Unidos, el cual hizo una copia y la entrego a la Filmoteca de la UNAM para su resguardo y como una mera suposición, esta entrego una copia a Televisa México para su transmisión en señal abierta. Solo Televisa y cadenas asociadas transmiten eventualmente la película. Esto explica en buena parte la falta de copias comerciales de esta obra cinematográfica. En lo personal creo que debería compartirse y hacer una edición para su venta y dar a conocer esta historia a las nuevas generaciones.
Recientemente se filmo una nueva versión interpretada por Clifton Collins Jr. en el papel de César L. Faz y Jake T. Austin interpretando a Ángel Macías. La historia trata de captar la magia que envolvió a este equipo pero se aleja un tanto de los acontecimientos para hacerla mas hollywoodesca, algo desde mi punto de vista innecesario ya que la historia en si es cautivadora. Se pretendía estrenarla el 8 de Agosto de 2008, incluso en Monterrey se colocaron varios anuncios espectaculares anunciando su estreno, pero este se ha pospuesto una y otra vez y solo ha sido exhibida en funciones benéficas, la última en el Festival de Cine de Guadalajara de este año. Tampoco ha salido a la venta en DVD, por lo que su estreno es un misterio y a la fecha no hay noticias nuevas al respecto.
Pero no solo el Juego Perfecto de Ángel Macías marco un hito en la historia de las Ligas Pequeñas. Hubo varias cosas que marcaron un precedente, por ejemplo:
· La Liga Pequeña Industrial ha sido la única que ha participado usando su propio uniforme. Al representar en ese entonces a la Región Sur de los Estados Unidos, debían portar la franela distintiva. Como esos uniformes estaban hechos para niños de mayor estatura, a la Liga no le quedo otra que permitir el uso de sus uniformes que llevaban bordados en el pecho “Monterrey”.
· La Liga Industrial fue la primera liga extranjera que gano la Serie Mundial de Ligas Pequeñas y la primera en lograrlo en forma consecutiva en dos ocasiones, 57 y 58. La primera Liga norteamericana que lo logró lo hizo hasta 1993 y correspondió a Long Beach, Ca.
· Las Ligas Pequeñas de Monterrey han llegado al juego de campeonato en cuatro ocasiones 1957, 1958, 1964 y 1997, ganando tres de ellas y quedando subcampeones en el 64.
Muchos han querido comprar el campeonato mundial de fútbol sub-17 con el campeonato del 57. No hay punto de comparación, los niños del 57 salieron de sus casas en barrios pobres a jugar como los grandes. Los futbolistas sub-17, formaban parte de la nómina de un equipo profesional en su mayoría y ya llevaban varios años jugando profesionalmente al fútbol. Otros han dicho que si fueron campeones, debieron haber brillado en el béisbol profesional. Las Ligas Pequeñas son formativas y su labor se centra en forjar niños que antes que deportistas sean hombres de bien para su comunidad y su familia. Quizá algunos piensen que por ser una competencia infantil no presenta grado de dificultad. Un lanzador de ligas pequeñas llega a hacer lanzamientos cercanos a las 90 millas/hr, y se necesita temple para que a la edad de doce años se tenga control sobre sí mismo para maniatar a bateador tras bateador y firmeza para enfrentar a bateadores más altos y fuertes ante más de diez mil espectadores.
Los mexicanos no nos caracterizamos por trabajar en equipo, estos niños lo hicieron como si fueran uno solo, se sobrepusieron a sus limitaciones y a las que como sociedad les heredamos, se enfrentaron a los mejores, creyeron en si mismos y salieron victoriosos como ningún deporte de conjunto mexicano lo ha hecho.
¿Quién de niño no ha soñado con hacer cosas realmente grandes? Muchos, seguramente. Pocos sin embargo lo han logrado y estos niños lo soñaron, lo vivieron y lo disfrutaron. A nosotros nos toca recordarlo y contarlo con la misma emoción que ellos lo jugaron. Sin duda alguna Los Pequeños Campeones de 1957 son
¡ORGULLO DE MÉXICO, ORGULLO DE MONTERREY!