martes, 4 de agosto de 2009

La Importancia del Nombre


Sin lugar a dudas uno de los acontecimientos más importantes en la vida de una persona es el nacimiento de un hijo, a partir de ese momento la rutina diaria cambia y sus necesidades hacen que la nuestra gire alrededor de ellas, por lo que ésta cambia de un día para otro y no volverá a ser igual que antes de la llegada del bebé. Este gozo viene precedido por la alegría que acompaña a la noticia, lo que nos lleva casi inmediatamente a empezar la búsqueda del nombre que portará por el resto de sus días el nuevo integrante de la familia.

El nombre es como una marca indeleble que juega un papel importante en la vida del Hombre. La correcta elección del mismo tendrá un efecto importante en el desarrollo del individuo, en su autoestima y en sus fortalezas y debilidades, y por esa razón no se alcanza a comprender en muchos casos, la elección que del mismo hacen algunas personas en detrimento de sus descendientes. No solo es el nombre en sí mismo el que impacta en la vida de la persona, a veces, por honrar al papá o al abuelo, o a algún familiar o amigo, trasladamos sus nombres al de los hijos sin pensar que tarde que temprano lo aprobara o desaprobara, en otras palabras, será una marca por la cual los padres serán recordados para bien o para mal por el resto de sus días.

Los problemas con el nombre comienzan en cosas triviales. Cuantas veces no ha llamado a la casa de un amigo preguntando por él y lo primero que escucha al otro lado de la línea es “¿cuál de los dos el grande o el chico?” O bien, quizá le ha pasado que al contestarle la llamada y pregunta por tal o cual persona le dicen, “si soy yo” (y para acabarla con el mismo tono de voz) e inmediatamente hacemos uso de nuestro variado y rico lenguaje popular creyendo que es la persona a la cual buscamos, lo peor del caso es que se llegan a decir cosas de las que la familia no tiene conocimiento, por lo que se generan involuntariamente situaciones embarazosas, hasta que escuchamos del otro lado de la línea “espérame tantito deja te paso a …”, para cuando nos dicen esto ya hemos metido la pata hasta el fondo.

Sucede en estos casos que para diferenciar a uno de otro el papá es Paco y el hijo Paquito, o Carlos o Carlitos, o bien Juan o Juanito. El problema es que ese diminutivo no los deja crecer y llega a los 30 ó 40 años de edad y sigue siendo Paquito, Carlitos o Juanito. Recuerdo que un comercial de radio hacía referencia a esto, se oye decir a un médico a su secretaria “que pase Carlitos” y una voz ronca dice “hola doctor como está”.

Otro problema de la elección del nombre, que surge cuando al hijo se le otorga el nombre del padre es que a la larga representa una carga, ya que no faltarán las comparaciones entre ambos en la medida que los hijos empiecen a hacer su propio camino en la vida. Sobran ejemplos de padres exitosos que al heredar su nombre al primogénito, le heredan con ello una pesada losa que se hace más pesada cuando el hijo trata de seguir los pasos de su padre. En este caso sucede que al principio hay expectativa, cuando el hijo de un famoso hace su aparición en el mismo escenario que el padre sea este artístico, educativo, deportivo o científico, todo mundo espera que en el hijo las facultades del padre se potencien como por mera herencia genética y que por ese simple hecho si el padre fue triunfador el hijo por lo tanto debe superarlo. Desde ese momento se cierne sobre el hijo, cual sombra amenazante, la imagen triunfadora del padre y más que un privilegio se convierte en una desventaja, ya que en todo momento las comparaciones son inevitables, por lo que empieza su vida propia con un hándicap en contra, mismo con el que tendrá que lidiar por el resto de sus días. Por eso no les extrañe que en casos como éste se de la negación del antecesor, y que de ser el ídolo que muchos niños ven en sus padres, este se convierta en el enemigo a vencer para brillar con luz propia y donde los sentimientos fraternales se tornan en odio o resentimiento hacia el progenitor.

Por otro lado si el padre es un perdedor o un ser negativo para la sociedad, el hijo en consecuencia también lo es a los ojos de la gente, y la desconfianza que se manifiesta hacia el progenitor también la padece el descendiente, aún y cuando no haya hecho nada para merecerla. Marcado de por vida por esta situación, al hijo no le quedara más que emprender su propio camino lejos de él y fuera totalmente del circulo social que lo rodea, convirtiéndose en un exiliado social que tiene que encontrarse a sí mismo, probablemente lejos de su lugar de origen y de la familia, negando consecuentemente su origen.

Antes la gente no batallaba para elegir un nombre. Casi por decreto familiar el primogénito cargaba con el nombre del padre, que era el mismo que el del abuelo y el tatarabuelo, y quién sabe cuántas generaciones más. En otros casos, para evitar controversias se recurría al santoral del calendario y se ponía el nombre del santo correspondiente a la fecha, si se tenía suerte el nombre podía ser Juan, Pablo, Carlos, etc., pero si no hasta las abreviaciones de los días festivos fueron a parar a las actas de nacimiento de muchas personas. Con el tiempo, muchos cayeron en cuenta que no podían seguir perpetuando un nombre por generaciones sin saber realmente en que generación se inicio con los homenajes familiares. Entonces los nombres empezaron a ser diferentes a los de los padres, pero los acontecimientos importantes de la nación dieron origen a muchos nombres, quién no conoce a alguna mujer de nombre Olimpia que haya nacido en 1968, año de las Olimpiadas celebradas en México. Luego fueron las telenovelas las que fueron fuente de inspiración (Rubí, Yesenia, Gustavo Adolfo, solo por mencionar algunos), o las series de televisión (Brandon, Kevin, Bryan, con sus múltiples variaciones de mala ortografía o españolización de los nombres extranjeros) hasta llegar a nombres que de plano carecen de origen lingüístico y se inventaron por sus padres, incluso momentos antes de entrar al Registro Civil, y que en algunos años pondrán de cabeza al los estudiosos del lenguaje. No falta quién en un arranque de nacionalismo y reivindicación de nuestras raíces indígenas hayan escogido nombres como Tenoch, Cuauhtémoc o incluso Netzahualcóyotl (por ahí anda un líder sindical que se llama así).

Otros de plano se van a los extremos, recientemente apareció una nota en los periódicos en la que un hombre en el Estado de Coahuila lleva por nombre Brhadaranyakopanishadvivekachudamani Erreh, el cual significa hombre puro y fue tomado de un libro de poemas hindú, y cuyos apellidos son Muñoz Castillo, nada que ver. Solo espero que el padre de esta persona no haya leído la novela Odisea 3001 de Arthur C. Clarke y escogiera para otro hijo el nombre Thirugnanasampanthamoorthy, nombre que el propio Clarke asegura que lo tomo de la guía telefónica de Colombo en Sri Lanka. Me imagino que personas con nombres así lidiaran la vida entera dando explicaciones y corrigiendo constantemente a aquellos que les soliciten en nombre hasta para el más mínimo trámite, sufriendo con documentos oficiales porque su nombre no está escrito igual en los diferentes documentos que conforman la identidad legal.

En fin, escoger el nombre para un hijo no es algo que deba tomarse a la ligera. La decisión que como padres tomemos al respecto impactara en la vida de nuestros hijos. Si no podemos heredarles algo que haga más llevadera su vida por lo menos démosles un nombre que les de identidad propia, que les facilite la vida y que al pronunciarlo lo hagan con orgullo.

En mi caso en particular, ya hice examen de conciencia en este tema y les he explicado a mis hijos el porqué de sus nombres, solo espero que la explicación que les di haya sido convincente.

¿Usted ya lo hizo?

4 comentarios:

  1. definitivamente el nombre es trascendental en toda persona sea natural o jurídica, pues esta marca indudablemente su destino,no en vano hay otros factores que tienen un papel determinante, pero el nombre es un trazado que marca la imagen de un un individuo u organización para toda su vida, porque define quien es y hacia donde va, ya que a través del nombre se obtienen datos que nos permiten dilucidar los elementos que lo integran

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  2. De acuerdo contigo María Gabriela el nombre de una persona puede marcar el rumbo de su vida. Gracias por visitar el blog. Saludos!!!

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  3. me pareció muy simpático y realista ...recuerdo a un pintor que constante mente cambiaba su nombre segun lo que creia lo definia en ciertas etapas de su vida...a mi me gusta mi nombre a pesar del muy trillado qeu bárbara Bárbara, jajaj!

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  4. me encanto tu blog y gracias por la referencia del nombre en el libro de ODISEA 3001, el dato me sirvio para un blog que escribi, muchas gracias.
    http://rrodriguez-lacrisis.blogspot.com/

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